Los Rosacruces y la historia de Christian Rosenkreuz // Parte II (Ultima)

A sus miembros se les atribuyen todo tipo de poderes, como el conocimiento y posesión del elixir de la vida que confiere la inmortalidad, la piedra filosofal que transmutaba cualquier metal en oro, y la fórmula para hacerse invisibles entre otros muchos conocimientos. El filósofo francés René Descartes (1596-1650) viajo en 1619 junto a las tropas del duque de Baviera en los inicios de la Guerra de los Treina Años, hasta Alemania y después a Holanda, para tratar de encontrarse con los rosacruces, pero después de cuatro años de viajes, en 1623 regresaba a Francia sin haber establecido contacto con ninguno de sus miembros, lo que no le impidió dedicar uno de sus libros, el  “Polybii cosmopolitani Thesarus mathematicus” donde podemos leer en su dedicatoria “a los ilustrísimos hermanos rosacruces de Alemania”, lo que parece estar en contradicción con su afirmación de que no se había encontrado con ellos. Por otro lado, si realmente se convirtió en un rosacruz el juramento le obligaría a mantenerlo en secreto y a mentir si fuera necesario.

Pero ¿cual era la doctrina y la misión de la Orden Rosacruz? ¿existía realmente?. En 1623 se puso por las calles de París el siguiente manifiesto que parece demostrar su existencia pero también su vocación de permanecer ocultos:  “Nosotros, diputados del Colegio principal de la Rosacruz, visitamos visible e invisiblemente esta Villa por la gracia del Muy Alto, hacia Quien se vuelve el corazón de los Justos. Mostramos y enseñamos a hablar sin libros ni marcas, a hablar a toda clase de lenguas de los países en los que deseamos permanente para liberar a los hombre, nuestros semejantes, del error de la muerte. Si alguien quiere vernos solamente por curiosidad, jamás comunicará con nosotros, pero si la voluntad le lleva a inscribirse realmente en el registro de nuestra Confraternidad, nosotros, que juzgamos los pensamientos, le haremos ver la verdad de nuestras promesas; no revelaremos el lugar donde nos alojamos en esta ciudad, porque los pensamientos, junto a la voluntad real del lector, serán capaces de hacernos conocer por él y de que él nos conozca a nosotros”.

Ellos transmitían conocimientos ocultos a la ciencia oficial, en particular la transformación de la materia, ya que la realidad última de la materia es el espíritu  y la fuerza mágica puede transformar el espíritu, transformando así la materia, como por ejemplo la transmutación del carbón en diamantes. El bibliotecario  del monarca francés Luis XIII(1601-1643), Gustavo Naudé, escribe sobre los poderes ocultos de los rosacruces “Los hermanos rosacruces se comprometían a ejercer gratuitamente la medicina, a encontrarse una vez por año y a mantener en secreto sus reuniones. Pretendían que la doctrina de su maestro era la más sublime que imaginarse pudiera; se consideraban sabios y píos en el máximo grado y sabían reconocer por intuición a quienes eran dignos de formar parte de su compañía. No estaban sujetos a los estímulos del hambre ni de la sed, ni eran atacados por enfermedades; regían a los espíritus y a los demonios  más poderosos; podían atraer hacia sí, por la única virtud  de sus himnos, a las perlas y las piedras preciosas; habían descubierto un nuevo idioma para expresar la verdadera naturaleza de todas las cosas. Confesaban que el papa era, para ellos, el Anticristo, y reconocían como jefe suyo y de toda la cristiandad al emperador de los  romanos, a quien le habrían podido suministrar  más oro y plata que todo el que pudiese obtener el rey de España de las Indias, dado que sus tesoros jamás podrían agotarse”.

Dos siglos después, el escritor británico Hargrave Jennings (1817-1890), perteneciente a la masonería, hablaba sobre el origen de la  Orden Rosacruz y los rosacruces con palabras mucho menos amables que las de Gustavo Naudé  “Su existencia, aun cuando históricamente incierta, está rodeada por tal prestigio que conquista la admiración de todos. Hablan de la humanidad como infinitamente por debajo de ellos; tienen una inmensa  altivez, aun cuando su aspecto exterior sea modesto. Aman la pobreza y la consideran  una obligación, aun cuando puedan disponer de enormes riquezas. Rechazan los afectos humanos, o bien se someten a ellos sólo por la conveniencia que les impone su estancia en este mundo. Se comportan amablemente con las mujeres, si bien son  incapaces de ternura. Son simples y respetuosos, pero la confianza en sí mismos resplandece y no se mitiga sino ante el infinito de los cielos. Son la gente más sincera del mundo, pero el granito resulta blando en comparación con su impenetrabilidad”

Soberbios, insensibles, hipócritas, duros de corazón , ese es el retrato de Jennings sobre los Rosacruces, mientras que el de Naudé  nos describe a  hombres dotados de conocimientos y poderes extraordinarios, orientados hacia el bien de la humanidad. En lo que ambos coinciden es en el absoluto secretismo de la Orden. Los rosacruces contraponían a la visión más materialista del mundo que se estaba desarrollando en el siglo XVII, un siglo donde la ciencia cada vez iba ganando un mayor poder sobre la religión, una visión basada en la espiritualidad, donde detrás de la realidad material se halla siempre el espíritu. La realidad sería, por lo tanto, nada más que una manifestación de ese  espíritu y la existencia del hombre debía encaminarse a la transmutación de la materia de la que estamos hechos en espíritu, en una constante evolución hacia lo divino como si se tratara de una transmutación alquímica. Ellos distinguen en el hombre tres cuerpos, el físico, el cuerpo astral y, por último, el más perfecto de todos, el cuerpo espiritual y la evolución desde el cuerpo físico al cuerpo espiritual era la transformación del hombre mortal al hombre inmortal.

Para lograr esa transformación, los rosacruces propone desarrollar el sentimiento, el pensamiento y la acción, es decir, sentir, pensar y querer. Según ellos no basta con sentir lo bueno, es necesario pensarlo y también quererlo. Por eso es necesario que el hombre sea capaz de salir de su cuerpo físico para adquirir una nueva conciencia de sí mismo, de su propio yo, algo que parece heredado de la meditación budista. Los tres principios secretos  que Christian Rosenkreutz ordenó que se mantuvieran ocultos hasta que la humanidad estuviera preparada eran la unidad material del universo, la evolución de los organismos, y la existencia de otros estados de la conciencia humana diferentes al sueño y la vigilia. Consideran que cada persona es Cristo  y que la evolución nos acerca al Padre, a Dios, en un camino que conduce a la inmortalidad. Por supuesto, este mensaje era considerado herético por la Iglesia, tanto la católica como la protestante, por lo que los Rosacruces debían permanecer ocultos.

Entre los preceptos básicos de la Orden recogidos en los tratados fundamentales publicados, como hemos visto, entre 1614 y 1616, encontramos los siguientes, extraídos de la obra “Misterios y doctrinas secretas” de Bruno Nardini:

* Nadie, cuando viaje, debe declarar otra profesión que no sea la de curar gratuitamente a los enfermos.

* Nadie debe sentirse obligado, por su adhesión, a vestir ropas especiales, sino que tiene que adaptarse a los hábitos del lugar en el que se hallare.

* Cada hermano, en el día C de cada año, debe presentarse en el Templo del Espíritu Santo, o bien declarar por escrito las causas de su ausencia.

* Cada hermano elegirá con cuidado a una persona hábil y apta para sucederle después de su muerte.

* Que las iniciales RC sirvan de señal, de contraseña y de firma de reconocimiento.

* Esta hermandad permanecerá en secreto al menos cien años.

Después de la publicación de los manifiestos rosacruces, algunos intelectuales y científicos difundieron sus enseñanzas, como es el caso del médico, místico y astrólogo inglés Robert Fludd (1574-1637), inventor del barómetro, que llevaría este mensaje de los rosacruces hasta la Royal Society de Londres, y defendería su pensamiento y contaría la historia de la Orden Rosacruz en su  “Tractatus Apolegeticus integritatem Societatis de Rosea Cruce defendens”. Entre los intelectuales que se harían rosacruces se hallaba el canciller de Inglaterra y científico Francis Bacon, al que recordemos que se atribuía las “Bodas químicas de Christian Rosenkreutz”, el físico y químico Robert Boyle (1627-1691), considerado el primer químico moderno o Elías Ashmole (1617-1692), uno de los padres de la francmasonería, que habría bebido  de las fuentes de las enseñanzas rosacrucianas.

En nuestros días hay muchos que se consideran descendientes de la Orden Rosacruz, pero si tenemos en cuenta que ellos siempre buscaron el secreto para sus actividades y enseñanzas, si hoy en día sigue entre nosotros la Orden Rosacruz se habrá retirado de la vista de todo el mundo, para seguir custodiando esos secretos para los que, según Christian Rosenkreutz, la humanidad todavía no está preparada. Pero antes de terminar este artículo quiero recoger un caso que fue hallado en la facultad de derecho de la Universidad de Leipzig y que remite a una sentencia dictada en agosto de 1715. En las actas se describe el caso en el que un desconocido llegó por la noche al castillo de Tankerstein, en Alemania, y solicitó que la señora del castillo, la condesa de Erbech le diera asilo y refugio pues le perseguían. La condesa, viendo el aspecto noble del desconocido, accedió a darle cobijo y en señal de gratitud el desconocido convirtió en oro la vajilla de plata. Al día siguiente abandonó el castillo pero cuando el marido de la condesa, que vivía separado de ella, tuvo conocimiento de esta circunstancia, quiso dividir el oro a partes iguales a lo que la condesa se negó y por ello terminó el caso en el juicio.

 ¿Era este hombre uno de los rosacruces? ¿Uno de esos hombres con capacidad para transmutar la materia? Como todo lo que rodea a la Orden Rosacruz, desde la existencia de Christian Rosenkreutz, hasta la propia existencia real de la Orden, esta oculto por un velo de misterio. ¿Hay algo de cierto en todo esto? Creo que el escepticismo es un buen remedio para evitar engaños y la credulidad el camino más fácil para perderse, aunque importantes hombres de ciencia pertenecieron en el pasado a esta Orden. En todo caso, sí me quedo con la máxima rosacruz que vimos al inicio de este artículo “Las relaciones humanas están basadas en el amor, la amistad y la fraternidad, de manera que el mundo entero pueda vivir en paz y armonía” Rosacruces o no, creo que todos nosotros estaremos de acuerdo con estas palabras.

 Por Christian Mielost: http://chrismielost.blogspot.com.ar/2011/08/sociedades-secretas-los-rosacruces-y-la.html

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. victor felix gasca jimenez
    Feb 26, 2015 @ 21:30:29

    siento un gran respeto y aprecio por la orden rosacruz universal, hace un poco mas de medio siglo me encontre con tan maravillosa guia espiritual

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